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lunes, 23 de junio de 2008

El gran escaparate del turismo, a punto

Fitur, la mayor feria mundial del sector, crece un 10% y contará con cuatro nuevos países

MANUEL V. GÓMEZ 13/01/2008

La gran cita del turismo español llega en invierno. A primera vista, un contrasentido. España, la gran potencia del turismo de sol y playa, organiza cuando llega el frío la Feria Internacional de Turismo (Fitur), el mayor evento mundial del sector, según los promotores. Y lo hace con éxito desde hace 28 años a tenor de las cifras. En 1981, primera vez que se organizó, participaron 37 países; en 2007, 170. En 1981, acudieron 3.000 visitantes profesionales; en 2007, 151.778. Esta edición se celebrará entre los próximos 30 de enero y 2 de febrero.

Este año también 170 países tratarán de captar la atención de los profesionales del sector que acudan a este gran escaparate turístico para ver las ofertas. Bután es uno de los países que acuden por primera vez. Situado en el techo del mundo, en la cordillera del Himalaya, este país ubicado entre India y China tratará de convencer a los turistas de que lo visiten con atractivos como el Taktsang, un monasterio construido a finales del siglo VIII en lo alto de una enorme roca. También los países insulares de Santo Tomé y Príncipe, Groenlandia y Madagascar estarán por primera vez en Madrid.

La superficie que ocupará Fitur crece en esta edición hasta los 100.000 metros cuadrados netos. Las entidades y los organismos oficiales españoles -comunidades autónomas, diputaciones, ayuntamientos...- serán los que ocupen más espacio de esa superficie. En total ocuparán cinco de los doce pabellones de Fitur en IFEMA (Madrid).

Los organizadores esperan que el número de visitantes alcance los 250.000. Para el fin de semana, cuando el evento se abre a todo el público, no sólo a los profesionales del sector, prevén que 100.000 personas se acerquen a las instalaciones de IFEMA. Ya parece quedar lejos 1999, cuando la cifra de visitantes profesionales cayó hasta los 40.000. Desde entonces, año tras año el crecimiento ha sido constante, hasta los 151.000 de la pasada edición, cuando se alcanzó un dato histórico.

Con estas cifras, el presidente del Comité Organizador de Fitur 2008, Salvador Santos Campano, afirmó el pasado miércoles que la vigésimo octava edición de Fitur será "la convocatoria más importante de su historia". Además, consolidan a Fitur como la feria líder del sector, en dura competencia con la organizada en Berlín.

Pero Fitur no es sólo una cita a la que acuden los países a presentar sus atractivos turísticos. También las empresas del sector se ponen sus mejores galas. En esta ocasión serán 13.300 -110 más que el año anterior-, entre ellas aerolíneas, compañías de cruceros y transporte terrestre, cadenas hoteleras o portales web de viajes.

Según explica José María Álvarez del Manzano, presidente de la junta rectora de Ifema y ex alcalde de Madrid, la crisis financiera que ha puesto en jaque la evolución de la economía mundial no se ha notado a la hora de organizar este evento. Las previsiones iniciales se han cumplido. Esta evolución está en consonancia con las recientes declaraciones del secretario general de la Organización Mundial del Turismo, Francesco Frangialli, en las que afirma que la crisis financiera no se ha notado al centrarse básicamente sobre Estados Unidos.

Además de la feria digital, Fitur también organiza varios eventos sectoriales que completan la oferta inicial. Dos días antes del inicio oficial de la feria, tendrá lugar Fitur Congresos. A esta cita acuden palacios de congresos, hoteles o centros de convenciones para ofrecer sus instalaciones como lugar donde celebrar este tipo de encuentros.


lunes, 24 de marzo de 2008

El Pais.REPORTAJE."Lo pasé fatal en la escuela"

Fátima Elidrisi, protagonista de la primera polémica por el velo islámico, recuerda su experiencia

LOLA GALÁN - Madrid - 07/10/2007

Han pasado dos años desde que Fátima Elidrisi dejó el Juan de Herrera, un instituto público de San Lorenzo de El Escorial (a unos 50 kilómetros al noroeste de Madrid). "Me fue fatal allí. Por la clase de gimnasia. Algunos profesores me decían que no podía llevar velo. Tenía muchos problemas, casi como al principio. Llamaban a la directora, pero ella no decía nada", declara por teléfono, en un español inseguro, desde el rincón de Andalucía donde vive con su familia desde el año pasado. Aunque pocos recuerdan su nombre, la escolarización de Fátima, en febrero de 2002, a los cinco meses de su llegada a España, estuvo precedida por la mayor polémica sobre el uso del hiyab -el velo que usan las musulmanas a partir de la pubertad-, que se había escuchado hasta entonces en este país.

"No trato con culturas sino con personas", dice el director de un centro a favor del pañuelo

Cuando Fátima, que no había cumplido los 14 años, fue enviada a la escuela apenas pudo chapurrear algo de español. Le tocó un centro concertado, el Inmaculada Concepción. Las monjas concepcionistas que lo gestionan se negaron a aceptarla, tocada con su hiyab. Su padre, Alí Elidrisi, rechazó también el centro católico. La polémica estaba servida.

Al final, las autoridades optaron por escolarizarla en el instituto público Juan de Herrera, pese a que la entonces directora, Delia Duró, era contraria al velo.

El primer día de clase de Fátima se convirtió en todo un acontecimiento mediático. La niña entró en el aula con el pañuelo anudado al cuello, un atuendo que mantuvo en la escuela hasta 2005, cuando dejó los estudios.

Apagados los focos que iluminaron brevemente su vida, Fátima pasó un año trabajando en una tienda de San Lorenzo de El Escorial, de la que no quiere dar más datos. "Llevaba mi pañuelo y no pasaba nada", recuerda ahora, ya con 19 años cumplidos, y empeñada en sacarse el título de graduado escolar y el carné de conducir. De la polémica de la niña de Girona no sabe absolutamente nada, pero se extraña de la edad de Shaima. "A los ocho años no se lleva el velo. Es muy pequeña, incluso a los 14 se es pequeña". Aunque, reflexiona: "¡Qué más da! No entiendo por qué la gente está pendiente de estas cosas. Cada uno tendría que pensar en lo suyo".

La madre Belén, actual directora del Inmaculada Concepción, elude referirse a aquella polémica. "Yo estaba entonces en otra autonomía". Pero defiende la decisión de no admitir a Fátima. "Cuando los niños se escolarizan en el centro aceptan respetar sus normas, y el uniforme es una de ellas. Nosotras tenemos también alumnos inmigrantes. No sabría decirle cuantos, unos diez, creo, y estamos muy contentas con ellos. Enriquecen nuestra visión del mundo, que es plural".

En el Juan de Herrera, donde estudió Fátima, todavía la recuerdan. Su caso sirvió de pauta al reglamento interno que aplica hoy su nuevo director, Ramón Vázquez. "Permitimos a las chicas musulmanas que vengan con el pañuelo, pero no dejamos que los alumnos lleven gorras. Yo no trato con culturas, sino con personas. Y las chicas musulmanas no son libres para quitarse el pañuelo". En el instituto, uno de cada cuatro alumnos es inmigrante, aunque los musulmanes son apenas una treintena, de ellos 12 chicas, "de las que sólo tres o cuatro llevan pañuelo", dice Vázquez. No le cabe duda de que el suyo es un centro "liberal". Pero, este director aplaudiría la llegada de una norma superior a la que atenerse en caso de conflicto. Mientras llega, el muestrario de soluciones caseras que cada centro da al problema de los atuendos es variado e imaginativo.

Caben muchas matizaciones entre las dos posiciones extremas: liberalismo total, al estilo del Reino Unido, y prohibicionismo total, tan estricto como el que se aplica en Francia, donde todos los símbolos religiosos están proscritos en la escuela.

Un ejemplo de máximo liberalismo es el colegio concertado de las Mercedarias, en el centro de Madrid. Los alumnos llevan uniforme, pero un uniforme laxo, por lo que se ve a la salida del centro: chavales con chándal que se atienen sólo parcialmente a los colores obligatorios -pantalón azul marino y camisa blanca-, con colgantes y piercing; chicas con minifaldas vaqueras. Ninguna con hiyab. "Será porque ellas no quieren ponérselo, porque nosotras lo aceptamos", dice Olga, que ha sido alumna y profesora del centro y ahora controla la portería. ¿La llaman hermana o madre, los chicos? "Huy, eso pasó a la historia, ahora nos tutean". Olga -pelo blanco y ojos claros- dice que los alumnos vienen casi todos de la zona, un sector degradado del centro de la ciudad. "Tenemos infinidad de hijos de prostitutas. Ellas son bellísimas personas". Lo del uniforme responde a una petición de los padres. Las mercedarias no lo impondrían. "A los musulmanes les preparamos comida especial. Nunca hemos tenido problemas".

Y ése es un aspecto clave. Porque los reglamentos internos de los centros se basan, muchas veces, en la propia experiencia. En el instituto Benlliure, de Valencia, con más de mil alumnos entre los 12 y los 20 años, (30% de inmigrantes), se vivió hace años una situación complicada que obligó a tomar medidas. Lo recuerda el jefe de estudios, Josep Cuenca. "Tuvimos una alumna musulmana en uno de los ciclos superiores, el de Turismo, que usaba el velo. Y era un problema. Porque la enviábamos a hacer prácticas en el aeropuerto, o en la recepción de un hotel, y las empresas nos la devolvían, por el velo". El profesor a cargo del curso informó del caso y el claustro decidió que había que prohibir a los alumnos cubrirse la cabeza. "Aquí no se aceptan ni hiyab, ni gorra, ni capuchas. Es una cuestión de estética", dice Cuenca. Las alumnas musulmanas llevan el velo sólo hasta la puerta.

En el instituto Las Américas, de Parla (a unos 20 kilómetros al sureste de Madrid), han optado por una solución intermedia. "Las niñas musulmanas pueden venir con pañuelo, pero no aceptamos prendas que tapen la cara. Por eso no admitimos que entren en clase con gorras o con gafas de sol", explica Ángel Humanes, director del centro desde hace siete años. Humanes, al frente de un colectivo de 700 alumnos (unos 120 inmigrantes), cree que la fórmula mágica para evitar problemas es aplicar el sentido común. "La intransigencia es fatal. Pero tan malo es pasarse como quedarse corto. El de fuera tiene que aceptar las costumbres de aquí".

Aunque la situación dista de ser homogénea. "En Andalucía estamos muy bien. Aquí no hay problemas con estas cosas del velo", asegura Fátima Elidrisi. Y tampoco en Ceuta, con mayoría de musulmanes. Juan Luis Aróstegui, que dirige el instituto Puertas del Campo desde hace 22 años, lleva décadas viendo a las alumnas entrar a clase con su pañuelo. "Aquí la naturalidad es absoluta. Ni destaca, ni llama la atención. Aunque tampoco son muchas las muchachas que lo llevan". Aróstegui ha detectado un aumento del uso del hiyab en los últimos años. Pero jamás lo prohibiría.

Claro que eso está bien cuando todo va como la seda. Pero, ¿y cuando surgen los problemas? Ramón Vázquez, del instituto Juan de Herrera, tiene claro que debería haber una norma de la Administración a la que atenerse. "Si no, nos dejan a los directores a los pies de los caballos".